La historia vuelve a llamar a Venezuela. El estadio Centenario, el Río de La Plata, el bicampeonato mundial de Uruguay, el clima guerrero del fútbol charrúa... Todo esto que sucumbió el 31 de marzo de 2004, con una goleada vinotinto por 3-0, que tuvo a Richard Páez Monzón como estratega.
El merideño conversó con PANORAMA, a las puertas del duelo del sábado, por el premundial de Brasil 2014, recordando aquel hito inolvidable, el Centenariazo.
—Esta semana una de las palabras que más se repite es Centenariazo... ¿Qué significó para usted?
—Fue un hito histórico para Venezuela y el fútbol venezolano, una hazaña de alto nivel, porque fue hecha ante un campeón del mundo, porque fue realizada en un momento crucial de partidos de eliminatoria, porque deja una marca indeleble para el futuro. Hoy se encuentran de nuevo Venezuela y Uruguay, y le abre la esperanza de repetir esa historia. Hoy, más que nunca, la Vinotinto tiene con qué ir a buscar el resultado, un altísimo número de jugadores con nivel, con competitividad e internacionalidad comprobadas. Todo esto hace pensar que Venezuela tiene una motivación y una figuración para ir a buscar resultado. Al frente tiene un partido importantísimo, porque Uruguay es el que anda en mejor nivel de Suramérica. Luego vendrá el gran reto de ganar de local, donde tiene que estar enfilado todo el esfuerzo para conseguir la clasificación.
—¿La confianza excesiva le pasó factura al equipo celeste?
—La historia no daba para otra cosa. Uruguay andaba bien. Venía con buena actitud para ganarnos a nosotros en condición de local, pero no entendieron que al frente tenían un equipo que quería ser protagonista y lo cumplió. Se cambió la visión del futbolista venezolano. Es el mejor legado al que pueden apelar los actuales jugadores de la selección. Tienen a dónde mirar y recordar. Antes de 2001 no teníamos un punto de comparación. Ahora estos jugadores, con mayor nivel en cantidad y calidad, tienen más recursos para imponer sus condiciones futbolísticas en cualquier cancha suramericana.
—¿Salió todo como lo tenía plasmado o a usted también le sorprendió el resultado?
—Lo fundamental ese día es que era una lucha de la historia, de la tradición contra la emergencia, la irreverencia. Aquella generación se atrevió. Un equipo que juega con tres volantes número 10 en el Centenario de Uruguay tiene que ser por alguna razón, no puede ser de una manera suicida, sino que debe tener alguna convicción. Aquel equipo demostró que haber jugado con esa estrategia sorprendió a los uruguayos. Esperaban un equipo contragolpeador, que se reservara todo en defensa, pero se consiguieron un equipo que en ningún momento se reservó en nada. Incluso, recuerdo que después del primer gol hubo una jugada en la que atacamos al arco de Munúa, con tres, cuatro chutes seguidos que pienso que paralizó el corazón de muchos uruguayos. Un equipo venezolano que ganando 1-0, en lugar de preservar el resultado, sabiendo que era histórico, seguía atacando como si estuviese jugando en casa, tiene que haber sorprendido no solo a Uruguay, sino a todo el mundo del fútbol.
—¿Qué les dijo usted a los jugadores antes del comienzo del duelo?
—Yo sencillamente les recordaba que ellos eran unos privilegiados que representaban a un país que toda la vida esperó por una generación que los representara dignamente y que esa generación eran ellos. Les correspondía colocar en la historia del fútbol venezolano el principio y el después. Lo cumplieron.
—El último gol, el de Arango, luego de un baile de toques de pelota, fue el resumen del partido...
—Ya ese último gol ante un rival que estaba totalmente desmoralizado, porque no podía imponer su superioridad en la cancha ni con fútbol ni con resultado, ese gol fue una demostración de que cuando un grupo tiene determinación, fútbol, capacidad y convicción del estilo que nos representa, ese gol fue un premio a un proyecto de transformación del fútbol venezolano.
—¿Cuál es el mensaje que usted le da al plantel que estará este sábado en Montevideo?
—Primero, que ellos tienen un horizonte hacia el futuro, que los espera la consecución de una gran hazaña que el fútbol y Venezuela toda ha esperado en su historia, que es llegar a un Mundial. Mirando por el espejo retrovisor se encontrarán con la experiencia y el ejemplo categórico de que sí se puede. Teniendo ese horizonte, pueden mirar por el retrovisor que les dejó la Vinotinto de 2001 a 2007. Debe haber quedado sembrado el mensaje de la esperanza y la consecución de resultados históricos.
Panorama


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