Un lugar apropiado para sentir en similitud el paisaje predilecto de Armando Reverón ha llegado a ser Aruba, en cuya tercera edición del festival internacional de cine fue invitado el drama biográfico venezolano dirigido por Diego Rísquez.
“Reverón”, que abarca parte de la vida y etapa blanca del famoso artista plástico, que en su época fue considerado un recluso y demente, es en su epicentro una historia de amor entre un genio (magníficamente interpretado por Luigi Sciamanna) y su esposa Juanita (Sheila Monterola), la mujer que lo inspiró a pintar y a vivir, a pesar de los demonios que lo persiguieron en la cumbre de su existencia, poco antes de su muerte en 1954.
“Tenemos el mismo sol, esa fuerza caribeña que no está muy lejos a las cosas de Macuto, a ese enceguecimiento que produce la luz tropical, un encandilamiento que lo puede percibir cualquier extranjero en la isla, a orillas del mar Caribe y sentir que los rayos te pican la piel”, compara Rísquez, único representante por Venezuela en dicho evento, frente a las cristalinas aguas del Hotel Hyatt, a escasas horas de celebrarse la ceremoniosa alfombra roja en el Paseo Herencia.
—¿Mirando hacia atrás desde el estreno de “Reverón” hace un año en Venezuela, con qué se encuentra ahora?
—Estoy muy satisfecho porque “Reverón”, de alguna manera, significa la revisión de mi cinematografía, que está muy emparentada con esa trilogía —“Bolívar: sinfonía tropikal”, “Orinoko, nuevo mundo” y “América con tempo”— y a la vez posee el carácter narrativo de “Manuela Sáenz” y “Francisco de Miranda”; es el equilibrio de ambos lenguajes y es una propuesta que es mucho más cercana a mí porque siempre está ligado al mundo de las artes plásticas y de la pintura.
El cine me ha permitido manifestar o emitir mi percepción de lo que es un país, una cultura y Reverón es de esos personajes que estaban olvidados de la historia y que las nuevas generaciones no conocen. Yo sabía que no era una obra convencional, que me devolvía a ese cine autoral como al comienzo. “Reverón” es más sonoridad que conocimiento sobre el personaje. Tras el ruido que tuvo la película hay una disposición del Ministerio de la Cultura a reconstruir el castille, en Macuto, donde el artista pasó la última fase de su vida artística.
—¿Cuál cree que es la verdadera tragedia que encierra Reverón, tanto el artista como la película en sí?
— Fue una tragedia que le pasa a la mayoría de los seres humanos que son distintos, de hombres que se salen de las normas convencionales y que la sociedad de alguna forma lo castiga, lo reprime o lo juzga por ser diferente. Tal fue el drama que tuvo Armando Reverón.
La película, independientemente de que lo recluyeran en un sanatorio, que lo pongan preso o que pueda morir, él sigue pintando porque el arte es la redención del ser humano.
Cuando él pinta esa palmera a la orilla de ese hospital es su forma de decir: “Me podrás cortar el pelo, la barba, me encerrarás... Pero viva la poesía”.
—¿La considera su obra maestra?
—Muchos críticos asentaron que es mi obra más madura. Imagínate, después de 40 años de trayectoria. ¿Mi obra maestra? Siempre espero que sea la próxima (risas). Lo que encuentro irónico es que “Manuela Sáenz” tuvo seis veces más espectadores. Igual con “Miranda”.
Yo me planteo: Tiene algo que ver la calidad de una película con la receptividad del público? Esa es la gran interrogante, pero al mismo tiempo creo que el éxito de una película venezolana es el éxito del cine venezolano. Que “La hora cero” fuera vista por 900 mil espectadores es importantísimo para nuestra cinematografía; el hecho que Er Conde del Guácharo lograra con una película muy comercial 700 mil espectadores, eso va en beneficio de todos.
En esa diversidad y unidad, porque somos el único gremio artístico en lograr una Ley de Cine, que hemos peleado para tenerla, independientemente de la posición política que se tenga, hemos luchado por un solo sector, que es el cine. Gracias a esa forma de entender el país, el aporte al arte y esa Reforma de Cine que tenemos podemos estrenar 15 películas al año, actualmente tres están en cartelera (El relajo del loro, Piedra papel o tijera y Memorias de un soldado). Eso habla bien del cine venezolano. Ya no todo es beisbol y misses, también nos conocen afuera por la música y el cine.
—¿Qué países ha recorrido con “Reverón” hasta los momentos?
—El recorrido empezó en Chicago, de ahí a Guadalajara, luego Roma, también en el Festival de Madrid e Imagen, en España. Estuvimos prenominados al premio Goya, lamentablemente quedamos entre las ocho finalistas y no logramos entrar entre las cuatro primeras. Pero así es la vida, cuando uno juega este juego algunas se ganan y otras se pierden. Pero la posibilidad de entrar en contacto con otra cinematografía, otra cultura, de tener acceso a otro cine que normalmente no tenemos la oportunidad de ver, fuera de Hollywood y el ‘mainstream’. Incluso en el festival de Aruba, en su tercera edición, hay varias propuestas: el documental sobre Polanski, la ópera prima de Angelina Jolie...
—¿Su próximo proyecto en puertas?
—Bueno, antes de hacer cine yo necesito un trabajo de investigación, reflexión y mucha búsqueda, de bibliografía e iconografía.
PANORAMA


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