Leonardo Padrón conversó con 19 personajes difíciles de ignorar

martes, 15 de mayo de 2012

Los imposibles y otros animales de zoológico andan sueltos.

La quinta entrega del libro de entrevistas de Leonardo Padrón Los imposibles, ahora editado con el sello Planeta, está en las librerías desde hace dos semanas, cuando se presentó en el Festival de la Lectura de Chacao 2012. La ocasión también fue propicia para descubrir su faceta de autor infantil, con el bautizo del texto La jirafa y la nube.

Las buenas nuevas representan una etapa de incesante trabajo, porque mientras saca adelante otros proyectos editoriales que Planeta le contrató, Padrón escribe más textos infantiles y se encuentra dedicado a una nueva telenovela, pero se resiste a dar títulos.

--¿Por qué en Los imposibles 5 hace énfasis en los cineastas, periodistas y escritores? --No fue ex profeso. Al final observé que la balanza se inclinaba hacia gente de la imagen de la palabra. Eso me gusta. Allí está la conversación salvajemente estimulante con Guillermo Arriaga, el guionista más importante de Latinoamérica. También Fernando Trueba, quien no sólo tiene una obra importante, sino que es un iconoclasta absoluto. Pero están periodistas insignes como Plinio Apuleyo Mendoza, un testigo privilegiado de la historia del siglo XX que presenció el asesinato de Gaitán, la caída de Marcos Pérez Jiménez y la llegada de Fidel Castro a Cuba. Además, está el perfil de Jorge Lanata, un irreverente de marca mayor a quien deben acercarse los periodistas porque su trayectoria es un instructivo de cómo debe llevarse la carrera en el siglo XXI.

--¿Cuál fue la entrevista que más disfrutó? --La de Margot Benacerraf, en la que terminé preguntándome por qué no me había hecho amiga de ella antes. ¡Invoca tantos relatos, como sus reuniones con Picasso o sus desencuentros con Gabriel García Márquez!--¿Cuál fue la que más costó? --Hubo dos. Primero, la de Lorenzo Mendoza porque le huye a los micrófonos y estaba incómodo porque sabía que habría una parte emocional.

Al final, resultó un derroche de elocuencia que fue muy gratificante. La segunda fue la de Maite Delgado. Ella es hábil para postular una imagen intachable y yo quería llegar a una mujer más humana, quería ver su punto de quiebre y lo logré.

--Hay entrevistados incluidos en esta secuela que no parecen ser "imposibles", en el sentido de "inaccesibles" que prima en otros libros, ¿cuáles criterios cambiaron en la selección? --Sigo manteniendo las mismas premisas. Por ejemplo, me parece absurdo que aunque se la puedan encontrar cualquier día por la calle, yo no haya entrevistado antes a Elba Escobar, porque ella es una de nuestras primeras actrices. Manejo el término "imposibles" como una polivalencia, no se trata sólo de difíciles de entrevistar, sino de aquellos imposibles de ignorar o de dejar de celebrar.

--¿Qué significa su incursión en la literatura infantil? --Es una indagación distinta en el lenguaje y una ambición largamente rumiada. Los niños tienen ojos honestos, opinan sin dobleces, diplomacia ni posibilidad de lisonja. Esto implica un desafío y la posibilidad de plantearte nuevos dilemas literarios.

--¿Qué relaciones hay para usted entre el periodismo, la literatura infantil y la poesía? --Con cada género uno cambia el ángulo de la mirada. Hay un inmenso vínculo entre la poesía y la literatura infantil, porque la infancia es el territorio de la poesía de donde todos fuimos desalojados cuando crecimos. Mi libro infantil está escrito con aliento poético. La vinculación con el periodismo viene de que la poesía es mi manera de ver las cosas.

Desde allí me aproximo a los entrevistados, como cuando le pregunté al beisbolista Bob Abreu sobre la soledad de los jardineros o cuando describo a los personajes en la sección "Postal", en la que hago dibujos a mano alzada de ellos.


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