La Orquesta Sinfónica de Venezuela, Patrimonio
Artístico y Cultural de la Nación, celebra con orgullo el
Cincuentenario del Parque Nacional Canaima, una tierra majestuosa para
Venezuela y el mundo.
Desde hace 82 años la Orquesta
Sinfónica de Venezuela sobresale como la primera orquesta fundada en el país y
la primera fundada en América Latina. Compuesta hoy por un plantel de más de
100 músicos talentosos apuesta por un futuro más comprometido con la comunidad
y es por eso que emprende el programa “Tocando
la Conciencia Ecológica” para promover a través de sus canales de
comunicación, desde un concierto, su página web, sus redes sociales, sus
grabaciones discográficas y todos sus mayores esfuerzos y voluntades, incluyendo
su programa socioeducativo La OSV en mi Escuela, mensajes de carácter
ecológico, de apoyo a la conservación de nuestro medio ambiente y que fomenten
también la participación ciudadana.
Este año
la OSV se une al Comité Organizador de Canaima 50 y honra por primera vez en su
Aniversario al principal monumento natural de nuestro país: el Parque Nacional
Canaima, celebrando su Cincuentenario. El comité está conformado por Francisco
Albornoz, Iconos de Venezuela; Héctor Guardia,
Dacso Sistemas; Marcos Quintana, La Facultad Advertising; Alejandro Montes de
Oca, Susana Salas y Andrés Eloy Rodríguez, en representación de la Junta
Directiva de la Orquesta Sinfónica de Venezuela; Zulay Rosal, Asociación de
Guías Scouts de Venezuela –AGSV; Álvaro Álvarez de Lugo, Montesacro Films, Antonio Pestana Drumond,
Eco Alianza y el Sr. Mario Lino Da Silva, Embajador de Portugal en nuestro
país.
La
OSV celebra su aniversario a lo grande, apostando por el futuro de Canaima y de
la comunidad pemona, con quien ha compartido su programa La OSV en mi Escuela a través de una visita a la región en el año
2011. En este muy especial concierto se incluirá nuevamente la obra sinfónica
compuesta en 2004 por el maestro Yury Hung, Kanaima, Patrimonio Cultural de la Nación, que refleja el impacto tan poderoso que ejerce
la indomable región de Canaima en quienes la visitan con toda la magia de su universo
selvático exclusivo, donde los indígenas pemones sobresalen también como protagonistas.
Completan el repertorio el Concierto para violín y orquesta en La menor, Op. 53 de Antonin Dvořák;
las Danzas Fantásticas, Op. 22 de Joaquín
Turina y las Fiestas Romanas y el Poema Sinfónico de Ottorino Respighi. Este concierto del
21 de junio es a las 7:30 p.m. en la Sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño.
Entrada libre (gratuita) y se retira en el módulo de información del teatro con
dos horas de antelación.
Acompaña al maestro Theodore Kuchar, la violinista búlgara Bella
Hristova como solista, quien asombrará al público capitalino con su
extraordinario dominio y sus matices expresivos. Viene de cumplir una exitosa
gira que incluyen su aparición como solista con la New York String Orchestra en el Carnegie Hall, una presentación en
la Serie Rising Stars de Ravinia, una
gira con músicos del Festival
de Marlboro y actuaciones en toda
la temporada de la Chamber
Music Society, dos de ellas en el Lincoln Center.
Ganadora
del Primer Premio en el Young Concert Artists International Auditions (2008-2009), Hristova hizo su debut en
la Serie de Conciertos de Jóvenes
Artistas en la temporada 2009-10 en el Merkin Concert Hall de Nueva York, y en el Kennedy Center en Washington DC. En Auditions,
fue la primera receptora de la Beca para Violinistas Helen Armstrong. Fue honrada con el Miriam Brody Aronson y el Ruth Laredo Memorial Awards y ganó el Candlelight
Concert Society Concert y el Lied
Center de Kansas Concert Prizes. Como ganadora del Primer Premio en el Concurso Michael
Hill International 2007 en Nueva Zelanda, Hristova realizó una gira
de conciertos muy aclamada por la crítica de ese país y ha grabado un CD con trabajos
para violín solo del virtuoso belga Charles de Bériot para el sello Naxos. Se le
concedió una subvención a su carrera otorgada por el Salón de Virtuosi de Nueva York.
Se ha presentado con
Pinchas Zukerman y la Orquesta de St. Luke en el Lincoln Center, con Jaime Laredo y la
New York String Orchestra en el Carnegie Hall, y con David Effron y la Filarmónica de la Universidad de Indiana.
De igual manera, se ha presentado en importantes festivales,
tales como el Festival
de Grand Teton,
Music@Menlo, Instituto Steans de Ravinia, y Music from Angel Fire, así como re en el Festival de Música de Cámara de Santa Fe y el Festival de Música de Marlboro.
Nacida en
Pleven, Bulgaria en 1985, Bella Hristova comenzó estudios de violín a la edad
de seis años. A los 12 años participó en clases magistrales con Ruggiero Ricci
en el Mozarteum de Salzburgo. Desde
la edad de 13 años ha vivido en los Estados Unidos. En 2003 Hristova ingresó en
el Curtis Institute donde trabajó con
Ida Kavafian y estudió música de cámara con Steven Tenenbom. Recibió su Artist Diploma con Jaime Laredo en la Universidad de Indiana en 2010. Hristova
toca un violín Nicolò Amati del año 1655, que perteneció al violinista Louis
Krasner.
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Orquesta
Sinfónica de Venezuela (OSV): Patrimonio Artístico y Cultural de la Nación, con
el apoyo del Ministerio del Poder Popular para la Educación. Facebook: Orquesta Sinfónica
de Venezuela. Twitter: @osv_lasinfonica, Youtube: osvlasinfonica, Página
Web:
www.osv.org.ve
Yuri Hung (1968)
Kanaima para Orquesta
Compuesta
en 2004 y estrenada por la Orquesta Sinfónica del Estado Anzoátegui, ha sido
una pieza fundamental en la iniciativa de promoción y apoyo a la región de
Canaima y al pueblo indígena. Aclamada en las regiones de Venezuela donde se ha
presentado, “Kanaima” refleja el impacto tan poderoso que ejerció esta región
en el joven director y compositor, quien plasmó toda la magia del universo
selvático exclusivo de esta zona de nuestro país, donde los indígenas pemones
resaltan también como protagonistas. En Kanaima,
Hung evoca a través de potentes imágenes sonoras, la belleza y la magia de este
sobrecogedor paisaje natural, situado en el Estado Bolívar, y que en 1994 fuera
declarado Patrimonio de la Humanidad por
la UNESCO. Ganadora del Premio Nacional de Composición del Ministerio de
Cultura de Venezuela en el 2005, fue declarada Bien de Interés Cultural e
incluida en el Registro General del Patrimonio Cultural Venezolano.
Antonin Dvořák (1841-1904)
Concierto para violín y orquesta en la menor, Op. 53
La muerte de
Beethoven en 1827 dejó un vacío enorme. Sus sinfonías, conciertos y sonatas son
la columna vertebral de la moderna música clásica occidental. Su único
concierto para violín se suelen considerar como el punto de inflexión entre las
eras clásicas y románticas, siendo sinfónico en su ámbito de aplicación y rica
en la expresión emocional. De los conciertos para violín posteriores al de
Beethoven encontramos entre los más famosos los de
Mendelssohn, Bruch y Brahms. Todos ellos presentan las mismas características: extensos, expresivos, melódicos
y muy alemanes. Pero fue el Concierto
en La menor, Op. 53 para violín y orquesta de Dvořák que realmente llevó
a la forma concerto
a nuevas alturas. Escrito en 1879 y revisado en dos ocasiones,
fue estrenado el 14 de octubre de 1883 en el Teatro Nacional de Praga,
interpretado por el joven violinista František Ondøíèek, bajo la dirección del
propio compositor. El mismo solista también lo estrenó el 12 de diciembre en
Viena y más tarde en Londres. A pesar de
que aún seguía el formato de
concierto germánico, Dvořák le infunde melodías
tradicionales checas, además de su propio y característico estilo armónico. Al igual que los
conciertos de Brahms y Bruch,
Dvořák dedicó el suyo inicialmente al virtuoso violinista húngaro Joseph Joachim, y al igual que con los conciertos de los compositores arriba
mencionados, Joachim no se
abstuvo de añadir sus propias sugerencias y modificaciones. Mientras Dvořák hizo algunas revisiones,
se sintió ofendido por los comentarios de
Joaquín en torno a su obra. Finalmente, el
compositor se negó a que Joachim realizara el estreno. Los puntos principales de los cuales
Joachim se quejaba eran entre otros, su estructura
poco convencional (no hay introducción orquestal previa a la
intervención solista, y los movimientos primero y
segundo están unidos por una
transición corta), su “pesada”
orquestación y el final muy al estilo checo. En
resumen, no era Beethoven! Desde
entonces, se ha convertido en uno
de las obras más ejecutadas de Dvořák, algo eclipsada por la Novena Sinfonía (De El Nuevo Mundo)
y el Concierto para violonchelo. La obra entrelaza los sentimientos nacionalistas del compositor expresadas a
través de las melodías checas,
dentro de un concierto romántico complejo.
Joaquín Turina (1882-1949)
Danzas Fantásticas, Op. 22
Danzas fantásticas, Op. 22,
es la obra más conocida del compositor español Joaquín Turina. Fue escrita en 1919, originalmente para piano, y orquestada posteriormente. Sin embargo, la versión orquestal fue la primera en estrenarse, lo cual ha sido
motivo de cierta confusión en las
obras de referencia.
La obra fue inspirada
en la novela La Orgía de José Más, y las citas de la novela se imprimieron en la partitura orquestal al comienzo de cada danza:
Exaltación, una jota
aragonesa
“Parecía
como si las figuras de aquel cuadro incomparable, se movieron dentro del cáliz
de una flor.”
Ensueño, un zorcico
vasco en compás de 5/8
“Las
cuerdas de la guitarra, al sonar, eran como lamentos, de un alma que no pudiera
más con el peso de la amargura.”
Orgía, una
farruca andaluza
“El
perfume de las flores se confundía con el olor de la manzanilla y del fondo de
las estrechas copas, llenas de vino incomparable, como un incienso, se elevaba
la alegría”
Las Danzas Fantásticas fueron escritas en su
forma original para piano en agosto de 1919. Turina orquestó la obra entre el
15 de septiembre y el 30 de diciembre 1919. La versión orquestal fue escuchada
por primera vez el 13 de febrero de 1920, en el Teatro Price de Madrid con La
Orquesta Filarmónica de Madrid bajo la dirección de Bartolomé Pérez Casas. El
propio compositor presentó por primera vez la versión para piano el 15 de junio
de 1920 en la Sociedad Filarmónica de Málaga. La obra
fue
dedicada a la esposa de Turina, Obdulia Garzón.
En
expresión de F. Sopeña, “la primera sombra lanzada a través del éxito de las
obras andaluzas de Manuel de Falla se proyecta sobre la obra de Joaquín
Turina”. En efecto, fue tanta la fama y el reconocimiento logrados por Falla
que habría que esperar hasta 1943 para tener el primer estudio largo sobre
Turina. La carrera de ambos fue paralela en algunos aspectos y complementaria
en otros. Ambos fueron andaluces que pasaron primero por Madrid, siendo ambos
discípulos de José Tragó, con quien se convertirían en sólidos pianistas; ambos
fueron a París, donde lo español era una moda que iría cubriendo un amplio
espectro: desde el exotismo romántico de Carmen
hasta el posterior terremoto de un Picasso. En París adquirió Turina una sólida
formación junto a Vincent d’Indy; en ocasiones se ha calificado su estilo como
cierto andalucismo afrancesado. Uno
de los rasgos de Turina es que este estilo, consolidado muy pronto, apenas
cambió en el resto de su producción; esta es una crucial diferencia con Falla,
así como la referida a su productividad: Turina fue un compositor muy
prolífico, lo que, como suele ser habitual, incide negativamente (e
injustamente) en su valoración. Recordemos, entre otras de sus composiciones,
La procesión del Rocío (1912), la Sinfonía sevillana (1920), La oración del
torero (1925), La leyenda de la Giralda (1927).
Ottorino Respighi (1879-1936)
Fiestas Romanas y Poema Sinfónico
Fiestas Romanas ("Feste Romane") fue
completada en 1928 y recibió su estreno el 21 de febrero del año siguiente por la Orquesta Filarmónica
de Nueva York dirigida por Arturo
Toscanini. Es la última obra que compone
la trilogía de espectaculares poemas sinfónicos de Respighi dedicadas a la Ciudad Eterna, siendo sus predecesoras
Las Fuentes de Roma
(“Fontana di Roma”) (1917)
y Los Pinos de Roma (“Pini di Roma”) (1924).
Como culminación de esta serie,
es algo más larga y sin duda la más ambiciosa de las tres obras y de ninguna manera la más sutil. En este caso, la traducción habitual "Fiestas romanas"
parece un pálido reflejo del panorama a gran
escala que Respighi trató de
evocar. Mientras que algunos de sus poemas sinfónicos se designan bajo el
término de "impresiones sinfónicas"
y aluden a los
estados de ánimo o impresiones estimulados
por varias escenas o eventos, en
lugar de los acontecimientos mismos, Fiestas Romanas es
sin ninguna reserva gráfico en su
carácter descriptivo. Respighi comentó que esta obra representó
su "máximo en cuanto a sonoridad
y color orquestal", con lo que culmina no sólo su tríptico romano, sino una parte muy importante de su actividad creadora.
"Con la
presente constitución de la orquesta", escribió, al finalizar este
trabajo, "es imposible lograr más, y no creo que vaya a escribir más
partituras de este tipo. Ahora estoy mucho más interesado en pequeños ensambles
y pequeña orquesta”. En los años posteriores a la finalización de esta
composición hasta su muerte, sus composiciones para orquesta se
circunscribieron a transcripciones de música de compositores tempranos, entre
ellos la última de sus tres suites de Aires
Antiguos y Danzas (el primero
para orquesta de cuerdas) y algunos arreglos de obras para órgano de Bach
(estos sin duda para gran orquesta).
En las Fuentes de Roma, Respighi había
utilizado cuatro de los monumentos de la ciudad como puntos focales para un
retrato de la ciudad en diferentes momentos del día, y el mismo formato fue
seguido en los Pinos de Roma. Su
procedimiento en Fiestas Romanas se
adhiere a la misma clase de esquema musical, pero en este caso, en lugar de las
24 horas en Roma, las cuatro secciones de la obra son imágenes sonoras de las
celebraciones públicas, que van desde la antigüedad hasta el tiempo del propio
compositor. Como lo había hecho para los dos trabajos anteriores, Respighi deja
en claro su intención descriptiva en una nota impresa en la partitura:
I. Circenses. Un cielo amenazante se
cierne sobre el Circo
Máximo, pero es la fiesta
de la gente: "¡Ave Nero!" Las puertas de hierro se abren, los acordes de una
canción religiosa y los aullidos
de bestias salvajes se mezclan
en el aire. La gente llega a sus pies
en frenesí. Sin
inmutarse, el canto de los
mártires reúne fuerzas, los
conquista, y luego se ahoga en el tumulto.
II. Il Giubileo. Los peregrinos arrastran por el largo camino, rezando. Finalmente,
desde la cima del Monte Mario aparece a los ojos ardientes
de los espíritus jadeantes de la Ciudad Santa: "Roma! Roma! "Un himno de
alabanza estalla, las iglesias
resuenan en respuesta. [Este movimiento se basa en gran parte en el himno del siglo XII Christ ist erstanden -
"Cristo ha resucitado."]
III. L'ottobrata. El Ottobratta
[festival de octubre] en el Castelli Romano
cubierto de enredaderas, ecos de la caza, tañir de campanas y canciones de amor. Luego, en el tierno crepúsculo surge una romántica serenata. [La serenata, después de que el último llamado del cuerno del elfo se desvanece en la distancia,
es interpretada por una mandolina, contraponiéndose al más gentil crepúsculo de fondo.]
IV.
La Befana. La
noche antes de la Epifanía en la
Piazza Navona: un ritmo característico
de las trompetas domina el frenético clamor; en el ambiente flota el dilatado ruido, de vez en cuando,
los motivos rústicos, cadencias en
saltareto, el sonido de un
organillo en una cabina, el pregón de un panadero, la
áspera canción y el animado stornello con su
expresión de sentimiento popular-"Lassàtase passa, somo Romani!"
["Vamos a pasar, somos
romanos!"].
MAESTRO THEODORE KUCHAR,
DIRECTOR ARTÍSTICO
Theodore Kuchar es uno de los
directores de orquesta del mundo que ha realizado más grabaciones superando los
100 discos compactos realizados en importantes sellos como: Naxos, Marco Polo,
Brilliant Classics y Online Labels. Sus
numerosas grabaciones han recibido los mejores juicios críticos por la calidad
de sus interpretaciones incluyendo los premios: “Disco del Año” de Chamber
Music América, “Mejor Grabación del Mes” de la revista “Grammophone” y
“Grabación Internacional del Año” de la ABC (Australian Broadcasting
Corporation). Recientemente fue nombrado Director Principal de la Orquesta
Filarmónica Janácek de Checoeslovaquia. Fue Director de la Orquesta Sinfónica
de Ucrania desde 1992-2002 y al finalizar su contrato, fue nombrado “Director
Laureate Vitalicio”.
Se desempeñó como Director del
Festival de Música de Cámara de Australia y en la actualidad es el Director
Musical de la Filarmónica de Fresno California, EE.UU.) y Director Residente del Festival de Música
en Kent Blossom, casa de verano de la Orquesta Sinfónica de Cleveland. Ha dirigido
algunas de las orquestas sinfónicas más importantes del mundo como la Sinfónica
de Berlín, la Filarmónica de Nordwestdeusche (Alemania), la Sinfónica de la
Radio de Finlandia y la Sinfónica de los Países Bajos de Holanda. Dirigió y
colaboró con muchos solistas renombrados como James Galway, Jessye Norman, Lynn
Harrel, Itzhak Perlman, Yo-Yo-Ma, Sara Chang, Mstislav Rostropovich, Frederica
von Stade, entre otros. En 1980 ganó el “Fromm Fellowship” de la Orquesta
Sinfónica de Boston y durante este periodo estudió dirección orquestal con
Leonard Bernstein, Seiji Ozawa, Sir Colin Davis y André Previn. Es graduado del
prestigioso Instituto de Música de Cleveland en 1982 como un destacado
violinista y con su grabación de obras del compositor norteamericano Walter
Piston ganó el premio de “Disco del Año 2001” por Chamber Music América y la
emisora radial WQXR.
En lo que concierne a sus
actividades de esta temporada, resalta su tournée de 20 conciertos por los
Estados Unidos de Norteamérica dirigiendo la Orquesta Sinfónica Checa. Hizo
también su debut con la BBCC Symphony Orchestra con solo un día de aviso para
dirigir el Ciclo de las Sinfonías de Brahms en el mes de abril. Al finalizar su
participación con la Orquesta Sinfónica de Venezuela, el Maestro Kuchar
dirigirá las orquestas más importantes de Cape Town, Johannesburg, Tel Aviv,
Munich y Praga.
El Maestro Theodore Kuchar se unió a la OSV
en marzo de 2011 para dar a la magistral agrupación una visión más actualizada
y novedosa, y así emprender nuevos retos artísticos enmarcados dentro del
principal objetivo: servir a Venezuela a través de la exaltación de sus valores
musicales. Es el encargado de llevar la batuta a nivel de programación,
procurando un altísimo nivel de calidad artística garantizando una ejecución de
primer orden, cualidad característica de la OSV en cada una de sus propuestas.
El maestro guiará la nueva temporada de conciertos internacionales con un
repertorio de vanguardia que incluirá estrenos para Venezuela de obras de
compositores destacados en el mundo. Con el sello Brilliant Classics el
maestro Kuchar grabó el disco Bartók: Piano Concerto Nº 3/ Ravel: Piano
Concerto in G major, como director de la Orquesta Janácek Philharmony con la
solista Klára Würtz.
HISTORIA DE LA ORQUESTA
SINFÓNICA DE VENEZUELA
El 15 de Enero de 1930, un grupo de 26 ilustres y
visionarios músicos se reunió en la Escuela de Música y Declamación de la
Academia de Bellas Artes de Caracas (hoy Escuela Superior de Música José Ángel
Lamas) por convocatoria del Maestro Vicente Emilio Sojo, reconocido pedagogo y factor
aglutinante de la incipiente agrupación, para establecer los cimientos de la
que habría que ser la institución más firme creada en toda la historia musical
de Venezuela, hasta esa fecha. El 24 de Junio de ese mismo año la orquesta,
conformada por 40 profesores, realizó su primera presentación pública,
dedicada, según reza el programa de mano: "... a los altos funcionarios
del Estado, a los artistas, literatos y a la muy culta sociedad
caraqueña...".
En sus 82 años de tesonera labor, la Orquesta Sinfónica de Venezuela, ha recibido la visita de notables
figuras del mundo de la música, entre ellos: Wilhem Furtwängler, Igor
Stravinsky, Eugene Ormandy, Otto Klemperer, Sergio Celibidache, André
Kostelanetz, Héctor Villa-Lobos, Carlos Chávez, Pierre Boulez, Eduardo Mata,
Mstislav Rostropovich, Jascha Heifetz, Henryk Szeryng, Arturo Rubinstein,
Claudio Arrau, Martha Argerich, Yo-Yo Ma, Pablo Casals, Wilhelm Kemp, entre
muchos otros.
Igualmente incontables son las obras, tanto
nacionales como internacionales, que la Orquesta Sinfónica de Venezuela ha estrenado mundialmente o
interpretado por primera vez en nuestro país.
Sus directores titulares han sido los maestros
Vicente Emilio Sojo, Vicente Martucci, Ángel Sauce, Antonio Estévez, Gonzalo
Castellanos, Georg Schmoehe y Eduardo Marturet.
Viaja por primera vez al exterior en 1951,
realizando presentaciones en Lima, Perú y en Colombia en las ciudades de
Barranquilla y Cartagena. En 1953 se presenta en La Habana, Cuba, en el marco
de los actos de celebración del centenario del nacimiento de José Martí. Los
conciertos tuvieron lugar en el Teatro Auditórium, el Palacio Nacional y en la
Catedral de la capital de la isla. En 1964 interviene en el "Festival
Casals" en San Juan de Puerto Rico. En 1976 viaja a Costa Rica y Panamá,
presentándose al año siguiente en Managua, Nicaragua. Los países bolivarianos
Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia son visitados por la orquesta en 1980, y en
el año 1981, año en que le fuera otorgado el título de "Patrimonio Artístico de la Nación",
emprende una de sus más relevantes giras a seis países europeos: Holanda,
Alemania, España, Suiza, Austria y Francia. En el año 1998 realiza otra
importante visita, en esa ocasión a Portugal, donde se presenta exitosamente en
la Expo-Lisboa 1998 y se convierte en la primera orquesta sinfónica en realizar
un concierto en la historia de la ciudad de Funchal, Isla de Madeira. En el año
2005, en el marco de su Septuagésimo Quinto Aniversario, realiza una exitosa
gira por varias ciudades de Italia en homenaje al Bicentenario del Juramento
del Libertador Simón Bolívar en el Monte Sacro, Roma. En el año 2007, la
orquesta regresa a Italia e igualmente se dirige a la Federación Rusa, siendo
la primera orquesta venezolana en hacerlo, presentándose en las ciudades de
Izhevsk, Votkinsk ("Festival Tchaikovsky"), Moscú y San Petersburgo,
teniendo un éxito inimaginable, llevando la música venezolana a estas
latitudes. Ya en el año 2008, vuelve a ser pionera ofreciendo una serie de
conciertos tanto en Atenas como en Patras, Grecia.
En la década de los sesenta y principios de los
setenta, el Maestro Pedro Antonio Ríos-Reyna, entonces presidente de la
Sociedad, hace gestiones para conseguir un teatro propio para que la orquesta
realizara sin contratiempos sus ensayos y conciertos regulares. Estando en
estas diligencias, la muerte sorprende al maestro, pero la semilla de su sueño
y el de la orquesta germinó, y el 19 de Abril de 1983, en el marco de un
emotivo concierto, la Orquesta
Sinfónica de Venezuela inaugura su sede permanente, la "Sala
Ríos-Reyna", y con ella uno de los teatros de mayor relevancia y
majestuosidad de América: el Teatro Teresa Carreño.
Desde sus inicios la Orquesta Sinfónica de Venezuela ha cubierto con creces las
expectativas para las cuales fue creada, incursionando en todos los géneros
posibles de la manifestación orquestal: ópera, ballet, musicales, música de
cámara, series de conciertos, grabaciones de soundtracks, variados espectáculos
sinfónicos, entre los cuales destacan conciertos didáctico-infantiles,
navideños, de música folclórica y popular, rock sinfónico y tangos, entre
otros. En cuanto a su labor didáctica, cabe destacar, además, que el plantel de
profesores de la Orquesta
Sinfónica de Venezuela ha sido el que inicialmente formó y sigue
formando gran parte de los profesionales que hoy integra el movimiento musical
venezolano.
La Orquesta
Sinfónica de Venezuela hace sus mayores esfuerzos por hacer llegar
sus notas musicales a cada rincón de nuestra nación a través de un programa
radial transmitido dos veces por semana por Radio Nacional de Venezuela y otro
por la 97.7 F.M., la Emisora Cultural de Caracas.
Su nombre actual es "Orquesta Sinfónica de Venezuela", conocida en el medio
cultural venezolano como "La
Sinfónica", es la orquesta decana de nuestra nación, está integrada
por 85 profesores y realiza más de 70 conciertos al año dedicados a toda la
comunidad residente en Venezuela, sin distingo de clases ni de nivel
intelectual.
Actualmente cuenta con el maestro Theodore
Kuchar como director artístico.
Prensa OSV


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