Jean-Michel Basquiat tenía 24 años de edad cuando expuso por primera vez en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, en 1984. Allí llegó de la mano de Andy Warhol. Había comenzado a pintar en 1977, cuando se inició en el mundo del grafiti y rotulaba las calles neoyorquinas y las paredes del subterráneo con el seudónimo SAMO, un acrónimo que significa Same old shit.
Lo llamaban "el niño radiante del siglo". El artista afroamericano más destacado murió a los 27 años al igual que estrellas de rock como Jimi Hendrix, Janice Joplin y, más recientemente, Amy Winehouse a causa de una sobredosis de droga.
Fue un rebelde que dejó la escuela, vivió en la calle y cultivó una visión underground del neoexpresionismo abstracto.
Su legado es revisado por los artistas venezolanos Marcos Ettedgui y Francisco Pinto, en la muestra Black, Brown, Beige & Blues.
Ettedgui reinterpreta en sus lienzos la estética de Basquiat, plagada de trazos libres, irónicos, espontáneos y un tanto infantiles. Las obras que expone en el Museo de Arte Afroamericano se destacan por el manejo muy personal que el artista hace del espacio, así como por la intensidad de los colores.
Pinto se inspira en la galería de personajes que creó el neoyorquino para proponer un imaginario más contemporáneo, en el que los íconos pueden ser versiones africanizadas de figuras de la cultura pop como Homero Simpson, los Rugrats o Eric Cartman, de la serie animada South Park.
Sus instalaciones, esculturas y pinturas aluden a las tensiones raciales que Basquiat vivió en los años setenta y ochenta en su Brooklyn natal. El artista solía decir que se sentía más a salvo cuando viajaba a exponer su trabajo en París que caminando por las calles de su propio barrio, asegura Nelson Chapellín, director del museo.
Algunos de los personajes de Pinto tienen la cabeza cubierta por una capucha blanca, símbolo por excelencia del Ku Klux Klan. El creador las tiñe de negro; también juega con los nombres de los muñecos. "No podemos obviar que el estereotipo racista blanco se limita a aceptar que los afroamericanos producen excelentes deportistas, buenos bailarines y músicos y gran cantidad de delincuentes, pero el campo cultural parece estarles vedado. Es en este último donde Basquiat parece haberles roto la barrera de la desigualdad", señala Pinto.
Una serie de retratos de Basquiat captados por la lente del estadounidense Mark Sink (que pertenecen a la colección privada del fotógrafo Esso Álvarez) complementan la muestra; al igual que afiches intervenidos por Pinto y Ettedgui. También hay una sección de libros y reproducciones de imágenes del creador neoyorquino, que sirven para contextualizar la exposición.
El fallecido artista es en la actualidad un referente del arte estadounidense. Era hijo de un haitiano y una puertorriqueña, y lo africano siempre estuvo muy presente en su trabajo, indica Chapellín. Además de la plástica, Basquiat también cultivó la faceta musical, y durante la visita al museo es posible escuchar blues y jazz.
En el marco de la exhibición, se llevará a cabo un conversatorio sobre la obra de Basquiat en el programa de estudios Actualidad y Controversia del Arte Urbano, que se celebrará en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela en junio.
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