A Gisela Kozak le tomó ocho años terminar Todas las lunas. La escritora venezolana (Caracas, 1963) trabajó su novela como un escultor que golpea la piedra. La abandonó, la retomó. Así estuvo hasta que sintió que ya había acabado de contar la historia, que presenta el sábado en la Librería Kalathos.
La nueva publicación de la autora caraqueña marca un giro en su bibliografía. Atrás quedó el retrato de un país dislocado que mostró en En rojo, ahora refleja un mundo imaginario que no tiene coordenadas de tiempo ni espacio. Una novela de aventuras de corte fantástico en la que el arte también es uno de los protagonistas.
-Los personajes de su novela viajan a Fumancha. ¿Es esa especie de paraíso al que quisiéramos ir, pero que sólo podemos imaginar?
-Siempre pensamos en la búsqueda de un mundo mejor. Fíjate la importancia que tiene en el siglo XX, una noción como la de revolución. El hecho de pensar en la posibilidad de un mundo diferente. Eso es tan humano como el lenguaje, como el amor, como el odio, como las cosas más inmediatas que nos pueden definir. En todas las épocas, la gente imagina un mundo distinto, así sea a partir de la religión. Cuando imaginas dioses, quiere decir que crees en algo que está mas allá de lo que haces. Lo sobrehumano está enchufado en lo humano porque lo humano, por el lenguaje, puede imaginar.
-Todas las lunas está cargada de múltiples referencias culturales. ¿Va dirigida a un lector educado?
-Hay una cosa que es verdad: la literatura, la que está más cerca de lo cotidiano, de lo concreto, tiene un número de lectores muy limitado en relación con lo que significaría el cine o la televisión. Un escritor que quiere tener un enorme número de seguidores tiene que escribir para televisión. Por más éxito que tengas en Venezuela como escritor, no somos escritores de millones de ejemplares. Siempre la literatura en Venezuela es para un público preciso. Ahora,Todas las lunas exige un lector de literatura que es la idea de lector que se tenía cuando yo me formé en la Escuela de Letras en los años 80. Los lectores que me rodeaban eran lectores que leían literatura inglesa, francesa, española, latinoamericana, venezolana, norteamericana, de muchas épocas. Personas que ven la literatura desde la perspectiva de un discurso altamente complejo. Lectores de poesía. Ese es el lector que me formé. Evidentemente, Latidos de Caracas, En rojo o Pecados de la capital va para un lector que tiene más que ver con el presente que vivimos (...) Creo que Todas las Lunas busca sus lectores.
-A propósito de eso, ¿cómo puede competir Todas las lunas, por ejemplo, con Virgen a los treinta, que ya vendió ocho mil ejemplares?
-Afortunadamente, en Todas las lunas no hay vírgenes (risas). No puede competir. Una persona que quiera vender ese número de ejemplares, no puede dedicarse a eso. El escritor mas leído en el mundo es Paulo Coelho. Si quieres ser tan ledío como Coelho, tienes que hacer lo que Coelho hace. Ahora, yo no sé hacer eso, porque eso también hay que saberlo hacer. La literatura tiene que buscar su público y ahí sí los venezolanos tenemos un handicap. Ningún escritor en Venezuela puede vivir de escribir. Si tú lo que quieres es vivir de la literatura, tener prestigio - bueno, la literatura lo único que ta da es prestigio- no puedes escribir literatura. Es algo que asumes como una opción de vida, y una opción de vida implica que hay cosas que declinas.
-La sinopsis dice que Todas las lunas es para aquellos dispuestos a abandonar la cotidianidad. ¿La literatura es una manera de ignorar la vida, de evadirla?
-Romper con la cotidianidad no es ignorar la vida. Creo que la única vida no es la vida cotidiana, las coordenadas en las que te mueves: tu ciudad, tu presente, tu familia, tu mundo, tu profesión. Yo he tratado de escribir sobre esos temas, que han sido importante para la literatura. Pero la literatura también ha sido una apuesta por romper con los límites que nos impone nuestra contingencia histórica. Por eso la literatura ha sido la aventura del Quijote, Las mil y una noches, la literatura fantástica o la ciencia ficción. Lo que pasa es que esto es una discusión muy larga. Como profesora de Teoría literaria, digo que la literatura no tiene nada que ver con la vida. Tiene que ver con el lenguaje y los efectos que el lenguaje puede producir en el lector. Pero mi experiencia de escritora es que, efectivamente, la literatura está vinculada a una manera de ver y de construir la vida, y que -por lo tanto- a través del lenguaje, la vida está presente ahí. Por eso a la gente le interesa la literatura.
-¿Qué papel juega la literatura en el mundo de hoy? ¿Vale la pena escribir?
-Si me lo preguntas desde el punto de vista de los reales, no. Todos necesitamos que nos hablen de nuestras vidas para poder continuar adelante. La gente necesita la literatura, la autoayuda, el cine, las telenovelas. Todos esos registros que tienen que ver con cómo vivo mi vida, háblame de mí. La gente necesita vivir varias vidas y que le digan qué hacer con la suya. Lo dijo Vargas Llosa, lo dijo Aristóteles. La gente necesitan vivir a través de otros. Desde que el mundo es mundo, la gente necesita historias. Orales y escritas, narración y poesía. Que la gente no lea poesía, sino que prefiera la televisión, está bien. Pero necesita verse en el espejo de los sentimientos de otros. Y mientras eso exista, existirá la literatura.
EU


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